jueves, 26 de noviembre de 2009

Cartas del Carnivále


Querida Ariel,

No te imaginas lo que es este lugar. Lo mucho que vivo y aprendo. A pesar que te extraño, el más fuerte comparte mi techo. Es desordenado, algo inquietante, pero vale la pena hablarle.

No estoy solo. Creo que me adapto, soy útil. Ya no me aparto. Ni es necesario cambiar. Aparentar ser perfecto. Alguien en que puedas confiar. En fin, lo comprendí. Tenías razon, cuando decías que algo iba a ocurrir. Que mi destino no era permanecer ahí. Te soy honesto, me dolió. Me costó escucharlo, pero sobre todo, aceptarlo.

Me disfracé de humano. Me esforcé. Cambié de atuendos, hasta me maquillé. Quise ser niño, alguien normal, alguien de 13 y no aparentar un poco más. Que se rían o que lloren. Alguien que juegue y cante. Mis labios, mis manos, ¡nadie las toque!

Soy apuesto, Hades o Barrabás. ¡No!, soy distinto. Una bestia, sencillo, noble y apaciguado. Lleno de corazón como un león con alma de ratón. Vaya descripción. Me río solo de pensarlo.

Anoche fue mi primer acto. Vaya sensación. Lo que generé, sin aliento los dejé. Mis rugidos, mis aullidos, mi rostro. Los asusté. Hasta al valiente actor, lo ahuyenté. ¿Y a los niños? Sin pensarlo, los acerqué. Juegan conmigo. No me temen, me comprenden. Por fin, lo conseguí. Por fin, puedo decir que soy feliz.


Por siempre tuyo,
Jorge Luis

No hay comentarios:

Publicar un comentario